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MIRA PARA ABAJO

Mucho se ha dicho de lo necesario que es en el camino cristiano mirar siempre hacia arriba. Bastante conocida es la historia del grumete que por poco se desploma desde lo alto del palo mayor al mirar hacia abajo. San Pablo dijo: «Poned la mira en las cosas de arriba, no en las de la tierra», y yo comprendo que es un sabio consejo; pero aun así, creo que en muchas ocasiones es necesario mirar para abajo.
Hace muchos años tuve un sueño que no he olvidado a pesar del tiempo ya transcurrido. Soñé que andaba por una calle bulliciosa y llena de atracciones, pero, como ajeno a todo lo que me rodeaba, yo seguía mi camino con los ojos fijos en la acera. Aunque entonces era yo bastante joven, pude comprender que aquél no era un sueño común, sino más bien una indicación de Dios que debía practicar en la realidad.
Yo bendigo a Dios por esa experiencia que tanto me ha ayudado en la vida, y que tanta satisfacción me ha proporcionado. «Mira para abajo», me he dicho muchas veces; y para ayudarte a ti, lector, especialmente si eres joven, es que también te digo: «Mira para abajo».
Una cosa útil no necesita propaganda, ni lujosas envolturas, pues lleva en sí misma sus buenas cualidades; en cambio, los productos de poca calidad necesitan exagerar sus valores y hacer alarde de colorido y baratura. En el orden moral y espiritual es igual; mientras las riquezas del Espíritu se presentan sin ostentación, las vanidades del mundo se presentan en varias formas halagadoras.
Dice la Biblia:

«No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él». 1Jn.2:15.

Lector, si amas a Dios, debes huir del mundo. No quiere esto decir que te encierres, al contrario, el cristiano debe ir por todas partes a predicar, y debe llevar los ojos bien abiertos; pero ante los atractivos y halagos del mundo, ¡Mucho cuidado! Si detienes en ellos la vista te será más difícil resistir la tentación.

«No mires al vino cuando rojea, cuando resplandece su color en el vaso: Entrase suavemente; mas al fin como serpiente morderá, y como basilisco dará dolor: Tus ojos mirarán las extrañas, y tu corazón hablará perversidades. Y serás como el que yace en medio de la mar, o como el que está en la punta de un mastelero». Prov.23:31 al 34.

Cristo dijo:

«El que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón». Mat.5:28.

No es lo mismo «ver» que «mirar». Si a borrachín se llega comenzando por mirar a los licores, y al adulterio por mirar al sexo opuesto, también a mundano se llega por mirar atentamente a las cosas del mundo. Entonces, cuando seas tentado por los ojos, cambia la mirada, MIRA PARA ABAJO.

Spmay. B. Luis, Camagüey, 1967